¿Hace falta controlar la tensión arterial durante el ejercicio y después de acabarlo?

No siempre, pero medir esporádicamente cuánto sube y lo que tarda en bajar quizá nos permita adelantarnos a los acontecimientos

Una subida normal de la tensión arterial sistólica está entre los 30 y 50 mmHg.
Una subida normal de la tensión arterial sistólica está entre los 30 y 50 mmHg.Westend61 / Getty Images/Westend61

Te pones las mallas, te calzas las zapatillas y te atas tu reloj inteligente. Todo listo para salir a correr (o caminar). Cuando acabas, miras la pantalla de tu dispositivo, que te marca la distancia, los pasos y la presión arterial (porque es de última generación). El último dato parece un parámetro caprichoso, casi inútil, al fin y al cabo tú no tienes hipertensión arterial... Pero, según una investigación de la Universidad de Boston (EE UU), puede que tenga cierto interés fijarse en él; una subida de tensión considerable durante la actividad y que tarde mucho en bajar al ponerle fin podría ser un indicador de esta patología mucho antes de tener un diagnóstico, dice el trabajo publicado en la revista Journal of the American Heart Association.

Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron la salud de los participantes del estudio Framingham, que consiste en un seguimiento de miles de personas de sucesivas generaciones de las localidades de Framingham y Newton, en Massachusetts (EE UU). La iniciativa se lleva a cabo desde 1971. La muestra en la que se basan los resultados fue de 2.000 personas sin patologías previas a las que se sometió al protocolo de Bruce, una prueba física que se realiza en una cinta de correr. Los participantes no llegaron a sudar la camiseta: solo completaron dos etapas y sin cambiar la inclinación de la cinta. “La primera la hicieron a 1,7 kilómetros por hora y la segunda a 2,5. Es decir, quienes tuvieron estas subidas [de tensión] iban caminando y no corriendo”, explica la coordinadora del Grupo de Trabajo de Cardiología del Deporte de la Sociedad Española de Cardiología, Amelia Carro, quien no participó en el estudio.

Una presión arterial normal es cuando las cifras de sistólica (la máxima) están en torno a los 120 y los 129 milímetros de mercurio (mmHg), y las de diastólica (la mínima), entre los 80 y los 84 mmHg. “Que haya un aumento en la presión durante el ejercicio es algo normal”, apunta el director de Investigación Clínica del Centro Nacional de Investigaciones Cardiológicas (CNIC), Borja Ibáñez. El problema llega cuando se trata de una subida considerable.

El incremento esperable durante la actividad física, según los datos del estudio, está entre los 30 y 50 mmHg en la alta. Sobrepasar esta cifra puede ser una señal que invite a la cautela. “Cuando es mayor de estos parámetros es algo para tener en cuenta”, indica Ibáñez. O sea, que además de la cifra al acabar el ejercicio está bien conocer la tensión en el momento de iniciarlo, para así poder calcular la diferencia. ¿Y qué hay del tiempo que tarda en bajar? En este caso, la media de los resultados de la investigación estuvo en torno a los 3 y 4 minutos. “Cuando han pasado cinco minutos ya debería estar prácticamente en los valores previos al ejercicio”, aclara Ibáñez. Si sigue alta, sería un motivo para consultar a un especialista.

Tomarse la tensión es una rutina de control para muchas personas que la tienen alta (en el mundo hay más de 1.100 millones de personas con hipertensión, según los datos de la Organización Mundial de la Salud), y la recomendación de los médicos para las personas sanas es que se haga como mínimo una vez al año a partir de los 40. No hay que obsesionarse, pero “es a partir de esta edad cuando debemos estar realmente atentos”, según Carro. Sobre todo porque más de 4 millones de personas en España tienen la tensión alta y no lo saben. Si hay antecedentes familiares de hipertensión, los controles empiezan antes y deben ser más frecuentes.

¿Puede ayudar saber cómo tienes la tensión en el momento de hacer ejercicio, ya sea a través de un reloj inteligente o de otro dispositivo (que es lo recomendable? Puede que sí —de nuevo, no hay que obsesionarse ni medirla cada día si uno está sano—, ya que una subida de presión como la que indica el estudio, que se queda en torno a calores de 170 mmHg, no viene acompañada de señales físicas. “Es cuando la sistólica sube por encima de 200 que se puede sentir dolor de cabeza, sangrados de nariz y a veces dolor de pecho”, aclara Ibáñez. Y un apunte importante, antes de alarmarnos debemos tener en cuenta que, por listo que sea un reloj, “no se considera un método de medición validado ni es del todo preciso”, explica Carro. La cardióloga añade que la mejor forma de medir nuestra tensión a día de hoy es con un tensiómetro de mango —puedes tener uno o acudir a una farmacia para que te tomen la tensión allí—. Aunque “sí pueden servir de forma orientativa” concluye Ibáñez.

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