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El lector más fiel merece un trato mejor

El periódico ha tenido errores burdos de impresión por los que ni ha pedido disculpas ni ha dado explicaciones

Imagen del pasado día 17 de árboles carbonizados en los incendios de Australia.
Imagen del pasado día 17 de árboles carbonizados en los incendios de Australia.

Los lectores de un periódico no son unos clientes al uso, sino los integrantes de una comunidad de valores compartidos. Por eso, se insiste con razón en que los diarios son de los lectores. Los que han demostrado mayor fidelidad en los últimos 20 años han sido los que han continuado comprando la edición impresa en los quioscos o por suscripción pese a que el contenido es de acceso gratuito en Internet. Son ellos, sin embargo, los que han pagado algunos de los errores más burdos de los últimos meses y ni siquiera se les ha pedido disculpas.

El 5 de enero, las víctimas fueron lectores del norte de España. En la edición de Galicia, las páginas 7 y 42 del periódico eran las mismas de un mes antes, del 5 de diciembre. Increíble, pero cierto. La caída de un servidor en la planta de impresión de A Coruña se gestionó mal y dio lugar a semejante traspiés.

El mismo día, y en otras ediciones, los análisis firmados por Xavier Vidal-Folch y Sandra León fueron troceados de forma desordenada entre las páginas 20, 21, 24 y 25, de forma que el texto del primero apareció repetido, mientras el de la segunda quedó reducido solo a unos últimos párrafos bajo la firma de Vidal. Para colmo, la columna repetida de este se difundió con titulares diferentes.

A los perjudicados —muchos de ellos suscriptores, los más fieles entre los fieles— se les privó de informaciones del día y de la segunda parte de un excelente reportaje sobre los incendios de Australia que iba en la “desaparecida” página 7. Algunos de esos lectores confiaron inútilmente en que el periódico les pidiera disculpas. Fue el caso de Miguel Vázquez Freire, quien me escribió el día 6: “Lamentablemente, confirmo que no ha aparecido la más mínima disculpa por el error en la edición gallega del periódico. Como si el error no hubiese existido”. Transmití la queja y, con cinco días de retraso, se publicó esta aséptica Fe de Errores: “La edición distribuida en Galicia el domingo, 5 de enero, incluyó por una incidencia informática dos páginas del periódico del 5 de diciembre de 2019”.

No había petición de disculpas, que era no solo lo que exigía el lector sino también el compromiso del área de impresión desde el pasado otoño, cuando les comuniqué por correo otro grave error en la planta de Galicia: en el diario del 28 de octubre, la página 22 era la misma que la 8. No se publicó ninguna explicación.

Ese mismo octubre, el lector Julio Rodríguez de Cara me escribió para decirme que estaba “francamente preocupado” porque en dos artículos del día de 13 de ese mes no había continuidad de lectura entre las columnas de un análisis firmado por Mariana Mazzucato (página 15) y de una entrevista con el profesor Gabriel Zucman (página 47). Los finales de algunas columnas no concordaban con el inicio de las siguientes. “El fallo es tan garrafal que no recuerdo haber visto nunca antes algo igual”, decía Rodríguez de Cara.

Imprimir a diario 14 ediciones en 12 plantas es una tarea complicada, pero existen métodos de control para que un periódico de calidad no deteriore así su prestigio

El 15 de septiembre, el lector Vicente Martín se quejó de “los defectos graves de impresión” en ejemplares de varios días comprados en Medina de Pomar o Quintanar de la Sierra (ambas localidades situadas en la provincia de Burgos). En esa jornada del 15 faltaban las cuatro últimas frases de una entrevista con el profesor Andreu Navarra (página 28). El 13 de julio faltaban letras o palabras en todas las líneas de algún texto. Lo mismo pasó en la página 45 el día 28 de ese mes. Comuniqué cada fallo a los responsables de impresión. “He esperado en vano alguna llamada de la empresa para dar la cara”, decía Vicente Martín. El 9 de agosto, en la edición de Valencia, se publicó en la sección de Sociedad una información a cinco columnas bajo el título Cambiar la alimentación para sobrevivir, pero sin texto alguno que lo acompañara. Las columnas del cuerpo informativo estaban en blanco.

Imprimir a diario 14 ediciones en 12 plantas es una tarea complicada, sin duda, pero existen métodos de control para que un periódico de calidad no deteriore así su prestigio. El trabajo se ha complicado desde que EL PAÍS dejó de tener su propia imprenta junto a la redacción central, pero por eso también se han modificado métodos de supervisión para evitar semejantes disparates. Está claro que no es suficiente. El equipo de impresión promete revisar in situ los procedimientos en las plantas donde se han producido más desatinos.

Otro lector, José Ramón Muñoz Aguilar, me escribió el día 5 para quejarse de que no le solucionaban un litigio sobre su suscripción. También lamentaba que el servicio de “Atención al Suscriptor” le hubiera remitido un mensaje —envió copia— que incluía cuatro faltas y erratas en dos párrafos.

Es otra prueba de que el periódico debe cuidar mejor a sus lectores más fieles. Es lo que advierte Julio Rodríguez de Cara: “Cuidemos la edición de papel mientras haya lectores de la edición impresa”. Esperamos que sea por mucho tiempo pese a las profecías de esos gurús que llevan décadas equivocándose en sus negras predicciones.

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Correo electrónico: [email protected]

Web: El Defensor del Lector Contesta

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