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Errores de fe en las fe de errores

En esta web no figuran miles de correcciones que rectificaron datos erróneos publicados en EL PAÍS

Accidente provocado por un kamikaze en la M50, en septiembre de 2019.
Accidente provocado por un kamikaze en la M50, en septiembre de 2019.

Las fe de errores son fundamentales para la credibilidad de un periódico, pero también suponen actos de justicia informativa para resarcir a víctimas de noticias equivocadas. En sus 44 años de vida, EL PAÍS ha publicado casi 7.700. El Libro de Estilo exige reconocer los fallos “lo más rápidamente y sin tapujos”. La protesta de un lector, sin embargo, ha destapado ahora un grave problema: en la edición digital, más del 80% de esas aclaraciones no aparecen. Es decir, están publicados los textos con los errores originales sin advertir que después fueron rectificados.

La alarma ha surgido por un mensaje que me envió el día 7 desde Moralzarzal (Madrid) Luis J. Fernández Gutiérrez del Álamo, ingeniero de minas. Me contaba que, después de 30 años sin verse, unos viejos amigos estaban organizando un encuentro de excompañeros de estudios para el próximo 22 en Madrid y comenzaron a preguntarse a través de WhatsApp por sus vidas. “Les puse al día de la muerte de nuestro amigo Rafael Guerrero, que murió en un accidente de tráfico”.

Guerrero, también ingeniero de minas, falleció en un choque frontal de dos vehículos la noche del 1 de abril de 2004 en la circunvalación M-30, de Madrid. Uno de los coches circulaba en dirección contraria. Luis J. Fernández recordaba que la noticia se había publicado en EL PAÍS. Encontró el enlace con el texto publicado el 3 de abril de ese año, pero se llevó un gran disgusto. “En él”, narraba en el mensaje, “se le identifica (a Guerrero) como el kamikaze, pero recuerdo que, a los pocos días, se publicó una pequeña reseña indicando que había un error en la información, pues el que circulaba en dirección contraria era el otro conductor. He buscado en la hemeroteca, pero esa pequeña reseña no aparece”.

Con toda lógica, el lector añadía este razonamiento: “Ha sido volver a recordar el sentimiento de dolor por la pérdida y de rabia por el error. Me parece injusto que quede para la hemeroteca esa noticia errónea y EL PAÍS se quede tan tranquilo con que cumplió publicando esa referencia. Quiero pedir que se indique en la misma noticia una reseña de que se publicó así, pero que hubo un error”.

Localicé esa reseña. Era una fe de errores publicada en el periódico el 4 de abril. Decía así: “Pablo Cáceres Taladriz, de 27 años, conducía un vehículo en sentido contrario en la M-30 el pasado jueves (día 1 de abril) y la colisión frontal con otro coche causó la muerte de Rafael Guerrero Martínez, de 41 años, y no al revés, como se publicó ayer en la página 5 de este cuadernillo (de Madrid)”.

Son más de 6.000 las fe de errores que han quedado perdidas, desvinculadas de sus correspondientes informaciones, porque no se formalizó tal nexo cuando en 2010 se hizo el volcado masivo en la web de los antiguos fondos de la edición impresa

A raíz de este caso, he descubierto una anomalía global en el diario. Desde 2014, el Libro de estilo obliga a incorporar en la web las fe de errores al final de cada información corregida. El problema surge con las rectificaciones y correcciones anteriores a esa fecha (ya eran 7.146), muchas de las cuales no se incorporaban a la web porque no era obligatorio o porque no existía la edición digital. Son al menos 6.436 las fe de errores que han quedado perdidas, desvinculadas de sus correspondientes informaciones, porque no se formalizó tal nexo cuando en 2010 se hizo el volcado masivo en la web de los antiguos fondos de la edición impresa, donde para entonces ya se había publicado esa cifra de correcciones. Una laguna difícil de justificar, porque esa vinculación existía —y existe— en el archivo de esa edición impresa llamado Pegaso. Con un agravante: los textos escondidos hasta entonces en hemerotecas se pusieron al alcance de todo el mundo a golpe de clic.

Podía verse, por ejemplo, que hasta ahora seguía sin la posterior corrección del día siguiente la más hilarante errata del periódico, que en septiembre de 1998 llamó “Federico Gracia Loca” a Federico García Lorca y citó como “tócalas y casadas” sus poemas “Gacelas y casidas”. O una noticia del 12 de junio de 1996 titulada Violada en los lavabos, sin la posterior aclaración de que, según la víctima, no se consumó la violación. Y otra de 1977 sobre un hundimiento en la Universidad Autónoma de Madrid. Se decía en ella que un hijo del rector de la Politécnica había firmado parte del proyecto como arquitecto, pero una posterior fe de errores —que hasta este domingo no aparecía en la web— desmentía tal conexión familiar.

Son tres muestras entre miles de casos similares. Cristina Delgado, subdirectora responsable de contenidos de la web, asegura que el periódico analizará opciones técnicas para subsanar esa enorme carencia.

Hasta entonces, el periódico se compromete a atender las peticiones de lectores para añadir a noticias concretas las correspondientes fe de errores publicadas en su día. Desde ayer está incluida la de Rafael Guerrero. El próximo día 22, excompañeros del Instituto Padre Manjón, de Granada, y de la residencia universitaria Gómez Pardo, en Madrid, le recordarán en el encuentro que tendrán en la Fundación Gómez Pardo y en el histórico edificio de la Escuela de Minas y Energía. Esta vez, Luis J. Fernández, su amigo de adolescencia y juventud, mostrará el enlace de EL PAÍS con ese añadido de justicia informativa. Lo reclamen o no, muchos otros tienen el mismo derecho.

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Correo electrónico: [email protected]

Web: El Defensor del Lector Contesta

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