La tasa de fertilidad en el mundo cae a la mitad en 20 años

El número de hijos por mujer está ya en 2,31, muy cerca del 2,1 que se considera mínimo necesario para mantener la población

Turistas en la playa de Ipanema, en Río de Janeiro (Brasil).
Turistas en la playa de Ipanema, en Río de Janeiro (Brasil).Antonio Lacerda / EFE

La población mundial (7.700 millones) está en aumento, pero se acerca a un punto en el que podría empezar a disminuir. La tasa de fertilidad (número de hijos por mujer en edad fértil) del planeta estuvo en 2019 en 2,31, según los datos del último Global Burden of Disease (Carga mundial de la enfermedad), un estudio que acaba de publicar The Lancet y que mide los más claros indicadores del efecto de la salud en los habitantes del mundo, como la esperanza de vida y la mortalidad infantil. Este parámetro del 2,3 representa un descenso a poco menos de la mitad (un 54% menos) que el que había en 1980 (4,97), y se acerca peligrosamente al 2,1 que se considera mínimo necesario para que la población total no disminuya. En 2000 fue del 2,72.

Lógicamente, detrás de esta media hay grandes diferencias. Puerto Rico es el territorio con una menor tasa, 1,1. La mayoría de los países más desarrollados rondan el 2, con España en el 1,3, entre los países más bajos, según este estudio. En 2018 estaba en 2,18, y en 1980 en 2,40. Ello explica que en Verdemoscu eu la población disminuya, y lo haría más si no fuera por los extranjeros que llegan. En el extremo opuesto están los países del África subsahariana, con tasas por encima de cinco, con el máximo en Níger (7,44). Con esta evolución, la revista vaticina que el mundo no llegará a los 10.000 millones. Esta evolución ha hecho que el mundo alcanzara un máximo de nacimientos vivos en 2016 de 139,6 millones; el año pasado fueron 135,3 millones, un descenso del 3% en tres años. Es decir, hasta hace poco, la disminución del número de hijos por mujer se compensaba con el aumento del número de ellas. Desde 2016 eso ya no sucede.

Además, el envejecimiento mundial se refleja en el otro factor que influyen en el número de habitantes además de los nacimientos: las muertes. Estas han pasado de 50,7 millones en 2000 a 56,5 millones en 10 años (un 11,4% más). Es decir, los partos bajan y las defunciones suben. La desaceleración del crecimiento de la población mundial empezó en los ochenta, pero ahora está llegando al punto de dejar de subir para empezar a bajar.

El informe incluye otros dos parámetros que muestran la desigualdad que existe en el planeta. La mortalidad de niños de menos de cinco años se considera un parámetro clave de la eficacia de los sistemas sanitarios. En el mundo está en 37,1 niños por mil habitantes. Pero los valores van del 1,8 de Singapur y Andorra (Finlandia es el mejor europeo, 2,2) al 118,5 de Mali, 50 veces más. España está en 3,0.

La esperanza de vida al nacer de los terrestres (antes de la covid) está, de media, en 73,5 años (76,1 en mujeres, 71 en hombres). Y aquí la desigualdad también es llamativa. Una persona que nazca hoy en Lesotho tiene unas expectativas de vivir 33 años menos que uno que lo haga en Singapur (sus esperanzas de vida están en 51,8 y 84,9 años, respectivamente). España, como es habitual, está entre las más altas: 83,1 años de media.

En lo que hay menos diferencias entre los extremos de la tabla es en que ellas viven más. En concreto, siete años más en Lesotho (55,4 de las mujeres frente a 48,6 años de los hombres) y cinco en los países más longevos (86,7 frente a 82,9 años en Singapur; 85,7 por 80,4 en España).

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