Columna
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Una guía sobre el arte de perderse

En un mundo que sobreexplica todo, J. J. Abrams cometió en 'Perdidos' la mayor transgresión imputable a un contador de historias: tratar a sus espectadores como adultos

Desde que se cumplieron diez años del final de Perdidos, hace unas semanas, no paro de tropezarme con textos de homenaje y de recuerdo, pero sobre todo de escozor y resentimiento. Algunas veces, contra la serie y su maldito final. Otras, contra quienes no entienden el final, tachados de brutos con la sensibilidad de una lija. Diez años tal vez basten para borrar el dolor por una muerte o el rencor por la traición de un amigo o el engaño de un amante, pero no son suficientes para perdonar a J. J. Abrams....

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